¿Quién se ha robado mi queso?
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Ustedes lo ignoran pero en cuanto salen los últimos clientes y se cierran
las puertas en los supermercados los empleados se unen en cofradía para
saquear l...
sin AMIGOS
a LaS 07:32
A un día de que el mundo diga que el amor y la amistad se expresa con globos, chocolates y paletas; el messenger ha decidido dejarme sin "AMIGOS".
Parece que entre los varios errores que suelen ocurrir con el messenger, hoy también se incluye desaparecer categorías; pues esta mañana al iniciar sesión, la primer categoría de contactos con la que contaba en el messenger desapareció.
Los contactos no se eliminaron, sólo pasaron a formar parte de los "Otros contactos"... Les dejo la imagen...
Ahora únicamente me pregunto si es algún tipo de broma, karma, coincidencia o mensaje intergaláctico ¬¬
En caso de que hayas sufrido alguna situación similar, mándame tu carta... o por lo menos comentala... jajajaja
Tal vez tu problema es un poco más serio, como cuando nunca puedes iniciar sesión o algún otro tipo de dilema técnico; así que les dejo una blogueada sobre un programa llamado MSN E-FIX..
P.D. Por ahora no daré explicaciones sobre los títulos de mis categorías; ese no es el tema!
P.D. (2) No es un problema cualquiera... creí que volviendo a iniciar sesión se solucionaría. Procederé a intentarlo desde otra computadora y luego desde mi celular u_U
PubLicaD0 Y ELaBorAdo PoR
CheCk0!
sábado, febrero 13, 2010
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Adios vaqueciones
a LaS 16:34
La época de fiestas llega a su fin . No sé si extrañaré estas dos semanas en las que descase dos días cada semana y otros dos días trabajé medio día... Supongo que sí.
En fin, va llegando el momento para comenzar a hacer lo que uno se promete a sí mismo, aunque después de esos días enteros de Wii con pizza, frituras, refrescos, baguettes, palomitas, y demás burandanga que se atravesaba por mi camino, definitivamente será una tarea dificil.
En fin, es momento de quitarnos la flojera y encontrar la forma de energizarnos, hacer planes y fijar metas reales. Haber como nos va en este 2010 iniciado con harto frio.
En fin, va llegando el momento para comenzar a hacer lo que uno se promete a sí mismo, aunque después de esos días enteros de Wii con pizza, frituras, refrescos, baguettes, palomitas, y demás burandanga que se atravesaba por mi camino, definitivamente será una tarea dificil.
En fin, es momento de quitarnos la flojera y encontrar la forma de energizarnos, hacer planes y fijar metas reales. Haber como nos va en este 2010 iniciado con harto frio.
Este año estaba muy dispuesto a comprar regalos para mis familiares, ya una costumbre para mí en estas épocas navideñas. Sin embargo, esta vez no había algo evidente para regalar: mi papa no nevesitaba pants, mi mama no quería ropa ni zapatos... Mi hermana no necesitaba nada más que una mica para proteger su celular y mi abuela decía no gastes...
"¿Qué les compro?", pensaba ya histérico de no encontrar nada. En tres ocasiones salí decidido a regresar a casa con regalos navideños, pero en la primera ocasión regresé sólo con la idea de comprar un wii y un lcd; la segunda salí con un lcd blanco y modesto de una tienda con "meses sin interes"; Finalmente en la tercer ocasión, regresé a casa con manos vacías, pero sólo para recargar la billetera y entonces sí, ir por el Nintendo.
Parece que el egoísmo se apoderó de mí, lo sé. Pero reflexioné un poco sobre el consumo inteligente (no sé si argumenté o puse pretextos, juzgue usted) y me dije: "Para qué comprarles por comprar, si finalmente tendrán productos que no desean, no los quieren y únicamente los aceptarán por ser un REGALO. En cambio yo sé lo que quiero, hay cosas que deseo y que podría comprar con el dinero que será mal empleado si lo gasto en obsequios, que finalmente no regalarán alegría (porque no es lo que esperan) y porque parece que no quieren regalos. ¿No es acaso un mal gasto comprar por comprar, sin razonar ni reflexionar sobre lo que voy a adquirir, pues finalmente solo serían regalos por tener algo que dar?
Definitivamente esta Navidad fue diferente porque apliqué el "de mí, para mí". Nos leemos!
"¿Qué les compro?", pensaba ya histérico de no encontrar nada. En tres ocasiones salí decidido a regresar a casa con regalos navideños, pero en la primera ocasión regresé sólo con la idea de comprar un wii y un lcd; la segunda salí con un lcd blanco y modesto de una tienda con "meses sin interes"; Finalmente en la tercer ocasión, regresé a casa con manos vacías, pero sólo para recargar la billetera y entonces sí, ir por el Nintendo.
Parece que el egoísmo se apoderó de mí, lo sé. Pero reflexioné un poco sobre el consumo inteligente (no sé si argumenté o puse pretextos, juzgue usted) y me dije: "Para qué comprarles por comprar, si finalmente tendrán productos que no desean, no los quieren y únicamente los aceptarán por ser un REGALO. En cambio yo sé lo que quiero, hay cosas que deseo y que podría comprar con el dinero que será mal empleado si lo gasto en obsequios, que finalmente no regalarán alegría (porque no es lo que esperan) y porque parece que no quieren regalos. ¿No es acaso un mal gasto comprar por comprar, sin razonar ni reflexionar sobre lo que voy a adquirir, pues finalmente solo serían regalos por tener algo que dar?
Definitivamente esta Navidad fue diferente porque apliqué el "de mí, para mí". Nos leemos!
todo esta dicho ahi....
a LaS 22:45
(foto de vallartaonline)Parece que no existen, pero en realidad somos víctimas diarios de ellas. Las normas de conducta y las limitantes del comportamiento humano pueden existir aún cuando no están escritas ni publicadas. La prueba de lo anterior quedó en nuestra visita a plaza galerías, una visita diferente de las que probablemente estamos acostumbrados a hacer; diferente en pensamiento y en apariencia. Nos vestimos de gris.
Ir a plaza galerías vestidos de neutro era un ejercicio etnográfico, en el que necesitábamos pasar desapercibidos, evitar cualquier detalle en nuestras actitudes y en nuestro andar que pudiera delatar nuestra tarea: Primero, seguir y observar detenidamente a los sujetos consumidores de “Galerías”, y segundo, entablar conversación con algún otro sujeto andante o comprador. El objetivo general era aprender a interpretar la información que el método etnográfico proporciona, por lo menos en primera instancia (pues aún no somos grandes conocedores de este método).
Es increíble como los primeros en hacer notar nuestra inmersión en los parámetros inconcientes que tiene un centro comercial, fueron las actitudes del equipo. El berrinche por querer trabajar con amiguis, como si anduviéramos de paseo, el drama y el enojo como cual adolescente y la vergüenza de sentarse en el suelo; fueron los más sobresalientes aspectos que nos delatan como investigadores humanos y partícipes del juego de reglas que en ese lugar existían.
Ya durante la práctica formal, se entendió que el concepto de la plaza comercial es para consumo y por lo tanto, sólo quienes tienen solvencia económica pueden está ahí, lo que se transforma a un: sólo la gente “nice” está en la plaza. Las bancas solo existen para observar sentado las tiendas de alrededor (no para entablar pláticas o convivencias) y el deleite de la pupila sólo es en realidad una invitación a comprar; por lo menos un café de alrededor de $50, justo como lo hicieron los sujetos que Vero y su servidor observábamos.
Realidad es que, no es la solvencia económica la única que entra ahí. Los centros comerciales están llenos de faroles (no de luz, sino de snobs, aquellos que quieren aparentar lo que no son) que vagan por la plaza sólo observando lo que después buscarán en Woolworth o en Soriana, comen una nieve del restaurante de comida rápida y tal vez compran un café de la sirena (sí, sólo uno aunque vayan cuatro).
El hecho de que nuestra sujeto de investigación, sólo haya ido a la plaza para comprar un cepillo económico, le dio sentido a su vestimenta (que consistía en una falda larga de mezclilla y una blusa amarillo fluorescente). Ya no era sólo un prejuicio, era un mensaje descifrado.
Pasaron sólo 5 minutos de estar sentados en el piso, para que un elemento de seguridad privada nos pidiera ir a una banca. Esa fue nuestra sentencia, los de seguridad también estaban observando, vieron nuestros atuendos pálidos, nuestras conversaciones poniéndonos de acuerdo, para después separarnos por toda la plaza, para que descifraran un mensaje de amenaza, se dieron cuenta de que queríamos llenar de ántrax porcino el centro comercial. Entendieron mal, sólo necesitábamos obtener información de las personas que suelen estar en Galerías (fuera cliente, paseante o trabajador). Ahora creo que debí elegir a uno de seguridad, ahí para la otra (si es que nuestras caras no quedaron ya registradas entre los visitantes no deseados).
Lo cierto es que, aunque no se puede generalizar, la mayor parte de las personas presentes en el lugar, tienden a tener actitudes snobistas (de aparentar) respecto al consumo, y lo digo yo que al día siguiente fui a usar mi tarjeta de crédito… Existe en nuestra cultura una tendencia al consumo, que se siente como pez en el agua con los reglamentos intangibles cuando se visita una plaza, centro comercial, de estas. ¿Cómo zafarse de ellos? Usando la razón, diría Habermas, ejerciendo nuestra capacidad de reflexión, sobre lo que somos individual y socialmente, sabiendo que tenemos libertad, de comprar o no comprar, de acostarse en una banca, de sentarse en el piso, de agruparse para discutir una clase, finalmente todos somos potenciales consumidores de Galerías Vallarta (yo compré un café).
Ir a plaza galerías vestidos de neutro era un ejercicio etnográfico, en el que necesitábamos pasar desapercibidos, evitar cualquier detalle en nuestras actitudes y en nuestro andar que pudiera delatar nuestra tarea: Primero, seguir y observar detenidamente a los sujetos consumidores de “Galerías”, y segundo, entablar conversación con algún otro sujeto andante o comprador. El objetivo general era aprender a interpretar la información que el método etnográfico proporciona, por lo menos en primera instancia (pues aún no somos grandes conocedores de este método).
Es increíble como los primeros en hacer notar nuestra inmersión en los parámetros inconcientes que tiene un centro comercial, fueron las actitudes del equipo. El berrinche por querer trabajar con amiguis, como si anduviéramos de paseo, el drama y el enojo como cual adolescente y la vergüenza de sentarse en el suelo; fueron los más sobresalientes aspectos que nos delatan como investigadores humanos y partícipes del juego de reglas que en ese lugar existían.
Ya durante la práctica formal, se entendió que el concepto de la plaza comercial es para consumo y por lo tanto, sólo quienes tienen solvencia económica pueden está ahí, lo que se transforma a un: sólo la gente “nice” está en la plaza. Las bancas solo existen para observar sentado las tiendas de alrededor (no para entablar pláticas o convivencias) y el deleite de la pupila sólo es en realidad una invitación a comprar; por lo menos un café de alrededor de $50, justo como lo hicieron los sujetos que Vero y su servidor observábamos.
Realidad es que, no es la solvencia económica la única que entra ahí. Los centros comerciales están llenos de faroles (no de luz, sino de snobs, aquellos que quieren aparentar lo que no son) que vagan por la plaza sólo observando lo que después buscarán en Woolworth o en Soriana, comen una nieve del restaurante de comida rápida y tal vez compran un café de la sirena (sí, sólo uno aunque vayan cuatro).
El hecho de que nuestra sujeto de investigación, sólo haya ido a la plaza para comprar un cepillo económico, le dio sentido a su vestimenta (que consistía en una falda larga de mezclilla y una blusa amarillo fluorescente). Ya no era sólo un prejuicio, era un mensaje descifrado.
Pasaron sólo 5 minutos de estar sentados en el piso, para que un elemento de seguridad privada nos pidiera ir a una banca. Esa fue nuestra sentencia, los de seguridad también estaban observando, vieron nuestros atuendos pálidos, nuestras conversaciones poniéndonos de acuerdo, para después separarnos por toda la plaza, para que descifraran un mensaje de amenaza, se dieron cuenta de que queríamos llenar de ántrax porcino el centro comercial. Entendieron mal, sólo necesitábamos obtener información de las personas que suelen estar en Galerías (fuera cliente, paseante o trabajador). Ahora creo que debí elegir a uno de seguridad, ahí para la otra (si es que nuestras caras no quedaron ya registradas entre los visitantes no deseados).
Lo cierto es que, aunque no se puede generalizar, la mayor parte de las personas presentes en el lugar, tienden a tener actitudes snobistas (de aparentar) respecto al consumo, y lo digo yo que al día siguiente fui a usar mi tarjeta de crédito… Existe en nuestra cultura una tendencia al consumo, que se siente como pez en el agua con los reglamentos intangibles cuando se visita una plaza, centro comercial, de estas. ¿Cómo zafarse de ellos? Usando la razón, diría Habermas, ejerciendo nuestra capacidad de reflexión, sobre lo que somos individual y socialmente, sabiendo que tenemos libertad, de comprar o no comprar, de acostarse en una banca, de sentarse en el piso, de agruparse para discutir una clase, finalmente todos somos potenciales consumidores de Galerías Vallarta (yo compré un café).
PubLicaD0 Y ELaBorAdo PoR
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domingo, septiembre 27, 2009
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